Bajo el cielo que caracteriza a Arequipa, la Ciudad Blanca se convirtió en el escenario perfecto para rendir tributo a la alquimia más representativa del Perú. La XVIII edición del Festival del Pisco Sour no solo celebró una receta histórica, sino que consagró a la ciudad como el gran epicentro de la tradición vitivinícola del sur, sustentada por una sólida producción regional que alcanza el millón de litros anuales. Lo que nació en 2007 como un encuentro local, se consolidó en esta jornada como una cita ineludible para el viajero que busca descubrir el alma de nuestra tierra a través de sus sabores más profundos.


El histórico Portal de la Municipalidad fue el escenario donde, entre las 09:00 y las 15:00 horas, el sillar de la Plaza de Armas abrazó la frescura de nuestra bebida bandera. Este evento creó un puente armonioso entre el pasado arquitectónico y la riqueza líquida del país, uniendo al ciudadano local con el turista cosmopolita en un espacio reconocido internacionalmente por su gestión de turismo inteligente.

Durante la apertura de la jornada, el alcalde provincial, Ing. Víctor Hugo Rivera Chávez, destacó que este festival fue mucho más que una festividad; fue una muestra de la potencia de nuestra industria. Arequipa aporta una pieza clave al rompecabezas nacional, donde la producción total de pisco asciende a los 7 millones 700 mil litros, reafirmando el papel de la región en la economía y la cultura del país. El propósito fue inspirador: compartir con las nuevas generaciones los secretos técnicos detrás del coctel, asegurando que el legado de nuestras costumbres se mantenga vigente con la calidad que nos caracteriza.


El prestigio de esta edición descansó en las manos de siete de los productores más laureados de la región, verdaderos guardianes del estándar que exige un Patrimonio Cultural de la Nación. Cada detalle, desde la selección del destilado hasta la precisión técnica del batido, fue diseñado para honrar nuestra historia. Así, entre copas y la hospitalidad arequipeña, la jornada se perfiló como un encuentro memorable donde el aroma del pisco y el orgullo de nuestra identidad se fusionaron para ofrecer una experiencia turística de primer nivel.